Fuentelapeña:donde se crían los toros que hacen temblar a Cali

 

Por Jorge Manrique Grisales
Presidente de Astauros

Cuando recuerda lo que hizo hace algunos años frente a la tumba del torero Félix Rodríguez Antón, doña Wallis Ochoa de Domínguez no puede evitar que se le agüen los ojos. Ella es un manojo de sentimientos amasado con el amor que siente por su difunto esposo, don Abraham Domínguez, sus hijos Juan Manuel y Luis Miguel y la tierra agreste donde pastan los toros de Fuentelapeña.

 

Doña Wallis Ochoa y su hijo Luis Miguel Domínguez, ganaderos de Fuentelapeña, dialogan con el cronista de 3/3 de Telecafé, Raúl Saavedra. (Foto Alvaro Vallejo-Ruta del Toro Colombia)

Llegar hasta Fuentelapeña es recorrer un paisaje que va desde los repetidos cañaduzales del Centro del Valle del Cauca hasta el misterio escondido tras la niebla que baja implacable desde Páramo de las Hermosas. Pero también es un recorrido por la historia de una familia que durante 18 años no pudo subir a mirar sus toros por cuestiones de seguridad.

Doña Wallis señala el hilo de agua que se descuaja desde los peñascos lejanos que enmarcan el paisaje de páramo. “Allí está…El agua en la peña, pero también Fuentelapeña es un pueblo en Zamora, España, donde nació el torero Félix Rodríguez Antón fundador de la ganadería”, precisa.

Recuerda que don Félix Rodríguez Antón empezó con la vacada que después le vendió en 1956 a don Abraham Domíguez Vásquez, el gran arquitecto de lo que hoy es Fuentelapeña. “Hace algunos años que estuve en España fui hasta Zamora y pregunté allí por la familia del torero Félix Rodríguez Antón. Logré contactar a un sobrino nieto de don Félix quien me dijo que esperara a su mamá, pues ella sabía más de la historia de ese tío lejano que un día se vino para América. La señora me llevó hasta su tumba y allí le rendí un homenaje muy lindo”. En este punto sus ojos se llenan de pasado.

Esta mujer es hoy quien, con su puño y letra, califica el comportamiento de las vaquillas que son tentadas en la placita de Fuentelapeña hasta donde llegó el pasado 9 de julio La Ruta del Toro Colombia. La labor que hoy desempeña frente al cuaderno de notas la hacía en vida de don Abraham Domínguez escribiendo lo que él le dictaba. Con los años aprendió a ver bien sus vacas y a ser exigente en la selección de las que van a ser las futuras madres de los toros de Fuentelapeña, de origen parladé con la simiente española de Samuel Flores. “Sólo pasan las que obtienen nota superior”, explica.

Ramiro Cadena tentó la última vaquilla a la que le sacó todo lo bueno que tenía. Logró metérla en la muleta donde repitió con la carita abajo. Por momentos, el tentador logró series lentas que arrancaron los aplausos de la concurrencia. En el cuaderno de doña Wallis la vaquita quedó no nota "superior".

El mugido en el potrero

 

Foto Alvaro Vallejo-La Ruta del Toro Colombia

Aficionados de Cali y Palmira llenaron por completo el palco de la placita. Estaban allí, atentos, observando lo que pasaba en la tienta dirigida por los toreros Luis Miguel Domínguez y Ramiro Cadena cuando una serie de mugidos anunciaron que algo estaba pasando en la dehesa contigua al pequeño redondel. Un grupo de toros cuatreños era testigo del enfrentamiento entre dos colorados de bella lámina. Los mugidos se hicieron más intensos y fue entonces cuando apreció en escena un toro negro de imponente presencia que se interpuso entre los dos contrincantes. Las cámaras fotográficas, dejaron por un momento lo que pasaba en la plaza y apuntaron al potrero. El líder de la manada puso orden y minutos después los toros se asomaron, de forma pacífica a lo que sucedía en la placita. “Miren el público que ahora tenemos”, alcanzó a murmurar Luis Miguel Domínguez, mientras seguía toreando por derecha una vaquilla castaña.

El valor de los niños

 

Para varios pequeños que asistieron, la tienta de vaquillas tuvo magia. Detrás de uno de los burladeros, algunos de ellos siguieron con atención lo que sucedía. Con arrojo una pequeña, orientada y asistida por los toreros, se aproximó con un pequeño capote a una vaquilla que ya había sido vista por la ganadera y que estaba a punto de retornar al corral. Alcanzó a dar un capotazo y a sentir cerca la respiración de la vaquita. Eso fue suficiente. Su cara de satisfacción lo decía todo...

El aficionado y la adrenalina

El aficionado práctico Alejandro Valencia se enfrentó a un eral serio, bien presentado y con algunas complicaciones. Le vimos lances a la verónica y luego pases por derecha e izquierda con algunas series rematadas. Al final, sudoroso pero satisfecho, confesó que se sentía liviano después de toda la adrenalina que había soltado.

Recordando a don Abraham

 

El ganadero Juan Manuel Domínguez (izquierda)junto con un aficionado en el altar donde reposan los restos de su padre, don Abraham Domínguez Vásquez (Foto Jorge Manrique-La Rutra del Toro Colombia)

Después de la tienta y recogidos en el centro del ruedo, los ganaderos conversaron con los aficionados de la Ruta del Toro Colombia y respondieron preguntas de algunos de ellos, incluido el equipo del Programa 3/3 de Telecafé que grabó la jornada.

Luis Miguel Domínguez recordó la famosa frase de su padre cuando anunciaba sus encierros para Cañaveralejo. “Mi papá decía ‘que tiemble Cali’ pero también era una forma de decir que los toros lo ponen a uno a temblar de emoción. El siempre se preocupó porque sus toros fueran algo importante para los aficionados”.

Por su parte, Juan Manuel Domínguez recordó que su padre le apostó fuertemente a lo de Samuel Flores, que sigue siendo importante en España y que en Colombia logró aclimatarse muy bien en Fuentelapeña .
Una copa de vino tinto despidió la jornada con la cual la Ruta del Toro Colombia celebró su primer año de vida, precisamente donde hizo su primera parada en 2010, en la casa de una familia que ama con pasión el sueño de don Abraham, cuyas restos descansan en un bello altar guardado por un mosaico de la Virgen de la Esperanza Macarena.

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"Que los toros son buenos cuando son bellos, y que cuando son buenos los toros el toreo puede ser verdadero, es un principio que debiera enseñarse no sólo en las facultades de Filosofía, sino sobre todo en las de Veterinaria. Así veríamos mejores tardes de toros". Antonio Caballero en "Toreo de Sillón" (Aguilar, 2010)